jueves, 6 de mayo de 2021

Reunidos en un templo jesuita... Y con Marcelo.

El pórtico de madera, siempre rojo, se hallaba abierto de par en par. Eran las diez u once de la mañana, quizás medio día. Nosotros, la familia, sentados en una mesa grande, de esas que colocan en fiestas populares. Ubicada transversalmente, un poco a la derecha, a pocos metros de la gran puerta del templo católico. La iglesia vacia, salvo nosotros y un grupo de jugadores profesionales de la selección de Brasil. Los aun vestidos con el típico uniforme charlaban entre sí con entusiasmo. Su mesa era más larga que la nuestra. Estaba ubicada transversalmente y justo a unos pasos del pórtico. 

Al percatarme de su presencia, pensé en aprovechar el momento de cercanía y pedir un autógrafo. Como no reconocí a ninguno de ellos, pensé en localizar a Marcelo. Ya que es un jugador del cual valdría la pena tener un souvenir. 

No tenía ni pluma ni bolígrafo ni un papel o balón para ser rayado. Pensé si sería buena idea usar una servilleta de papel. Pensé también en por qué no tengo una libreta espacial para ello. 

Los elementos que llaman la atención son: el templo jesuita en mi pueblo, la selección brasileña a punto de comer un banquete. La família también dentro del templo y esperando. 

Un simbolismo demasiado atrevido. Demasiado caprichoso.