viernes, 6 de junio de 2014

Venganzas banales

Un evento especial surge, mucha gente en vestidos de noche, casi en el centro de una plaza. Al parecer una boda, al parecer una  presentación de un personaje que aún no llega. Entre murmullos se gesta un atentado, pues aparece el anfitrión de pelo blanco cuya esposa presiente algo. Ella, en un movimiento, propio de un mentalista, abraza y se interpone cual guardaespaldas. Protege a su esposo de un disparo desde la oscuridad. Todos bajo las mesas escuchamos los rasantes trallazos, nadie se atreve a levantar la cara. Imagino que estoy en casa. Es una casa que no conozco, es bella y con una cerca al costado derecho. 

Dentro de la cerca: varios autos y una moto blanca en vivos azules. Dentro de casa con mi familia, tenía que acudir a cierto lugar, así que decidí llevar la moto. La lluvia era incesante la moto ni siquiera era mía. Con cierta vergüenza la tome esperando que aquel dueño no me viera. Al final cambie de vehículo pues la lluvia era cada vez más fuerte.

Tal vez dejé la moto para llegar a un aparcamiento, donde se estaba anunciado mi boda con Candy. Entre sonrisas y bromas en los minutos de espera, tras dar la vuelta en la esquina noté a un intruso: La escoria se derramaba de su sonrisa cínica, despreocupado esperaba no notarse, pero a mis ojos, esa cosa era más estúpidamente evidente que nada en mi cabeza. Así que le pedí que diera vuelta para enfrentarlo de una vez. El arma eléctrica era una buena opción aunque mi deseo era machacar y borrar su estúpida sonrisa.

4 junio 2014

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