El evento esperado, en el presidium: Rosario, el tio Hitler y yo en el centro. Le ofrezco una sonrisa y saludo como solía hacerlo en los 40's. Pero todo es una parodia extraña. Momentos antes acudimos a beber unas cervezas en el suelo, recorriendo el camino hostigoso, frío y chicloso. Raúl deja ver una luz sepia al abrir su cabaña de madera y alguien vomita, pero no soy yo, todo ocurre muy rápido y no hay nada coherente en esto. me dispongo a seguir su juego.
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