Yo llevaba la camioneta negra, mi
hermano insistía en ir a terminar la celebración a la fraternidad, pero estaba
en la zona boscosa donde los jóvenes de la universidad se divierten sin más
temor que a la resaca. Cuando estábamos llegando detuve la camioneta pues cinco
tipos estaban reunidos en círculo en medio del camino. Recuerdo que mi novia
estaba sentada en el medio, entre mi hermano y yo. Al acercarnos comenzaron a
mirarnos y como perfectos idiotas nos detuvieron con una seña.
-¿A dónde van chavos? –pregunto uno de ellos.
Haciendo caso omiso seguimos adelante, pero mi
hermano bajó la ventanilla para encararlos si continuaban cuestionando
estupideces.
-¡Oye, oye! No puedes pasar, ¡párate! –alegó de
nuevo.
-¿Qué quieres o quién eres? Quítate del camino ¿no?
–Respondió mi hermano.
El tipo recargó su codo sobre la puerta y mirándonos
de forma desafiante soltó en el aire la última de las estupideces.
-¿Qué quieres aquí perrita? –Dijo refiriéndose a mi
novia
-¿No oyes zorrita? –replicó.
Yo cuestioné en segundos: ¿los paso? ¿los paso
encima? Y antes de recibir una respuesta apreté el acelerador hasta el fondo, pasando
por los cuatro acompañantes del tipo. Él, quedó roto de una pierna, pues al
mirar por el retrovisor no podía levantarse. Pronto se escucharon varios
disparos y el medallón explotó. Huimos sin más, en ese momento sabía que ella
se lo merecía. Nadie ofende a mi lindo ángel, pensé.
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