jueves, 25 de septiembre de 2014

Venganza fugaz

Yo llevaba la camioneta negra, mi hermano insistía en ir a terminar la celebración a la fraternidad, pero estaba en la zona boscosa donde los jóvenes de la universidad se divierten sin más temor que a la resaca. Cuando estábamos llegando detuve la camioneta pues cinco tipos estaban reunidos en círculo en medio del camino. Recuerdo que mi novia estaba sentada en el medio, entre mi hermano y yo. Al acercarnos comenzaron a mirarnos y como perfectos idiotas nos detuvieron con una seña.
-¿A dónde van chavos? –pregunto uno de ellos.

Haciendo caso omiso seguimos adelante, pero mi hermano bajó la ventanilla para encararlos si continuaban cuestionando estupideces.

-¡Oye, oye! No puedes pasar, ¡párate! –alegó de nuevo.
-¿Qué quieres o quién eres? Quítate del camino ¿no? –Respondió mi hermano.

El tipo recargó su codo sobre la puerta y mirándonos de forma desafiante soltó en el aire la última de las estupideces.

-¿Qué quieres aquí perrita? –Dijo refiriéndose a mi novia
-¿No oyes zorrita? –replicó.

Yo cuestioné en segundos: ¿los paso? ¿los paso encima? Y antes de recibir una respuesta apreté el acelerador hasta el fondo, pasando por los cuatro acompañantes del tipo. Él, quedó roto de una pierna, pues al mirar por el retrovisor no podía levantarse. Pronto se escucharon varios disparos y el medallón explotó. Huimos sin más, en ese momento sabía que ella se lo merecía. Nadie ofende a mi lindo ángel, pensé.


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