Exquisita piel blanca. La voz suave y firme, como un
destello mate en sus hombros. Ella adora esto, pero no lo puede aceptar. Lo que
no sabes es que soñará húmedo con ello. Hay silencio, expectante.
Nadie lo
sabe, nadie lo comprende, pero estamos justo a la mitad de lograrlo. Brazos al
aire, recostada. Sin tapujos ni amarres. Los dos adoptamos la figura del medio
día. Intentado e intentando sin lograrlo.
Pero lentamente entramos en el sueño, en mi sueño.
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