La calle empedrada, medio día,
medio nublado. Como un contingente yendo a una cita: una boda se va a realizar;
un familiar cercano mío.
¿Mujer u hombre? …por los
adornos: mujer. Entonces pienso que debe ser mi prima.
Carmen va charlando en la
pendiente, ríe y no se lo toma en serio, al menos es un actuar familiar.
Puedo
ver que ahora es muy familiar.
Llegamos a la humilde posada. Somos
medio centenar y cada uno tiene un lugar en la pequeña sala.
Un altar al frente
espera al sacerdote, pero aun ninguno de los tres aparece.
Mientras se espera decido salir
con Carmen. Ella elige un helado, en especial el que se anuncia en un cartel,
mientras yo admiro su paciencia yo reclamo mi helado, el helado no es lo que
pedí. Sin molestias salgo conforme y reanudo la conversación.
Al paso, en una calle con
matorrales y plantíos de café, dos chicas se distraen hablando a solas mientras
yo regreso hacia la casa después de haberle hecho saber mi admiración.
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